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2012/11/28

Tardes de otoño

Todavía recordaba aquellas palabras resonando en su cabeza: "que nadie te haga sentir pequeña, porque no lo eres". Intentaba no olvidarlo, pero aquella tarde soleada de otoño ni siquiera el astro rey podía evitar que se sintiera como una hormiguita.

No podía evitar pensar que le habían arrebatado algo que había luchado mucho por conseguir. Había ido desechando esa capa de hielo que recubría su corazón. Los pocos rayos de sol del verano habían eliminado lo poco que quedaba. Pero con el frío, volvía a lo que conocía; volvía a recubrir todo siucuerpo. Y más que su cuerpo, aquello que más le hería. Aquello que tanta alegría le había traído, pero que, en aquel momento, solo le causaba dolor. Un dolor sordo, pero agudo. Un dolor casi imperceptible, pero continuo.

Se sentó bajo aquel roble que la había visto crecer. Mirando al horizonte, sin fijar la vista en nada, se colocó los auriculares y pulsó aquel botón con la única intención que conseguir un poco de alivio. Y mientras escuchaba aquello de no, no pido perdón, por querer arañar tu presencia otro poquito más, derramó la primera lágrima de un mar entero.


2012/11/10

Te odio

Te odio cada mañana cuando me despiertas con tus pies fríos.
Te odio por dejar la bolsita de té en el fregadero.
Te odio por tu manía de conducir escuchando la noticia
con ese afán de conocer las novedades del mundo
que nunca has querido recorrer de mi mano.
Te odio por dejar los geles abiertos en la bañera.
Te odio por dormir con la persiana bajada.

Odio la paradoja del odio. Y es que te odio
no es más que un te quiero del revés.